Lo que significa la palabra “dictadura”

Inés M. de Muñoz Marín
Diario La Prensa en Nueva York
18 de septiembre de 1951

El buen uso de las palabras obliga al respeto de su significado.  Cuando se le ponen tinieblas y sombras en la lengua del hombre, se le turban sus caminos de bien.  La palabra “dictadura” es una de las palabras más cargadas de un significado de angustia, de dolor y de tortura para el hombre.  Los que hemos vivido los últimos veinte años del mundo, conocemos su verdadero y doloroso significado.  Se ha formado una algarabía que llena el ámbito isleño con estas voces:  “Hay dictadura”.  Otras, “no hay dictadura”.  Otras, “dictadura fue la de ustedes”.  Más voces, “dictadura es la que van a montar ustedes si ganan.”  “Dictadores y más dictador eres tú”.  Es un juego macabro con la más cruel palabra en su verdadero significado de angustia, de esclavitud.

Tan remota está la dictadura de toda realidad en Puerto Rico que a los mismos que usan la palabra se les sale por las grietas de la falsía, la verdad de que existe una gran democracia en la Isla.  La ingenuidad con que usa la palabra “dictadura”-un buen ciudadano en una de las “Cartas del Lector (en un diario de San Juan) es un tributo candoroso al gobierno.  Dice este buen ciudadano: “Derrotemos la dictadura votándole en contra”.  Con sus mismas palabras está rindiéndole un gran tributo a la democracia que existe en Puerto Rico al decir el autor de la carta que sabe que solo puede votar libremente y que libremente se puede derrotar lo mismo que respaldar al gobierno, aquí, con los votos.

Otra persona le rinde otro tributo claro a la democracia en nuestro país en el acto mismo de estar jugando con el concepto “dictadura”.  Señala esta otra persona en la prensa de un editorial de “Diario de Puerto Rico” (con el que Luis Muñoz Marín no tiene que ver nada), en el que se queja dicho periódico de que una subasta para imprimir la revista “Escuela” del Departamento de Instrucción fuera adjudicada a la empresa “El Imparcial”, a pesar de que esta empresa ataca continuamente al Gobierno y a pesar de que ha sido condenada por libelo contra el propio Comisionado de Instrucción.  El “Diario de Puerto Rico” (con el cual Luis Muñoz Marín no tiene nada que ver), se queja de que el Comisionado de Instrucción (con el cual Luis Muñoz Marín tiene mucho que ver), le otorgue una valiosa subasta de cientos de miles de dólares al “Imparcial” que ataca a Luis Muñoz Marín y al Comisionado de Instrucción.  Esta es la situación más inimaginable en una dictadura.  Y es que esta verdad de que vivimos en una de las mejores democracias que existen, es tan grande, que se le sale la gran verdad por entre las sílabas de las palabras a los que quieren negarla.

Es necesario explicar este significado de palabra tan “importante” en los días que vivimos porque se le está aplicando la palabra “dictadura”, peyorativamente, a la autoridad democrática para ejercer el poder y llevar a cabo un programa de gobierno.
La palabra está perdiendo su verdadero significado para nosotros, y esto es alarmante.  Se está convirtiendo en una mala palabra corriente que se lanza como una pedrada.
La dictadura es la peor de las plagas que pueda caerle encima a un pueblo, el peor de los males, la peor de las enfermedades.  Cuando la dictadura cae sobre la gente se produce un gran silencio: silencio en la prensa, silencio en los ateneos, silencio en las barberías y en las guaguas, silencio en las antesalas de los hoteles, silencio en las salas mismas de los hogares.  Cae la dictadura sobre un pueblo y produce alabanzas continuas en los editoriales de los periódicos, en las reuniones públicas, en las asambleas políticas, en los salones de clase y hasta en los templos.

Cuando aparece la dictadura caen sobre un pueblo a un tiempo el silencio y la alabanza y desaparece “el pensamiento”. Con el pensamiento desaparecen la razón y las ideas y con ellos los derechos del hombre.

La dictadura detesta la claridad de la inteligencia porque la inteligencia es el arma de conquista de los derechos del hombre.  “¡Muera la inteligencia!, ha sido su grito de combate.  La dictadura embrutece al pueblo como primera medida protectora de su continuidad.  El ritmo embrutecedor empieza con los infantes en el Kindergarten donde se enseñan a alabar la imagen de Stalin, o de Mao –(por solamente nombrar los dictadores lejanos)- y sigue en los cantos juveniles de loa a los retratos gigantescos de tamaño heroico en las paradas de juventudes mecanizadas en la falsa emoción patriótica.  El embrutecimiento sigue con la censura del arte, con la quema de libros con la destrucción de las imprentas, con el destierro de los dueños de periódicos y de los escritores.

Es malo que la oposición al Gobierno abuse de la palabra porque “deseduca” sobre un vigoroso programa de mejoramiento de la vida de este pueblo que no debe la oposición tratar de frustrar sino de mejorar y continuar si alcanza el poder.  La oposición libremente debe presentar programas opuestos a los del gobierno y defenderlos, leal a la verdad   con honradez intelectual.  Tampoco podemos decir los que respaldamos el programa en vigor que hubo dictadura antes del año 40; y en esto disiento de mis amigos que han  escrito en la prensa sobre la época de la Coalición.  En aquella época hubo deterioro democrático extremo, decadencia en el vigor creador del voto, anulación de su fuerza; pero no hubo una dictadura.  Si hubiere habido una dictadura, el pueblo no hubiera podido  llenar las urnas con sus votos en 1940.

No podemos desbaratar los significados de las palabras cuando éstas nombran males tan destructores del alma del hombre.  El hombre tiene que saber su significado exacto.  El coraje político, aunque sea ira santa, no debe violar la palabra porque de ahí vienen grandes males de turbación en el entendimiento.  Recuerden las palabras evangélicas,  “En el principio fue el Verbo...”que quiere decir:  en el principio de todo entendimiento está la palabra inviolable cargada de verdad y no  de falsía.

La mayoría de los periódicos en Puerto Rico le han hecho oposición al programa del gobierno cuando ellos han creído que el gobierno estaba equivocado.  Así fue al quererle el gobierno abrir nuevos rumbos a la economía después del año 1940 (que cuestan en contribuciones) y al intentar hacer una mejor distribución de las excesivas ganancias de la riqueza en beneficio de las grandes masas pobres.  Y eso está bien, la mayoría de los periódicos no son de Populares.  Pero lo que encuentro mal y lo que da pavor es ver que virulentamente se irrite al pueblo hasta hacerlo temer como si lo tuviera encima, el horrendo mal de la dictadura.  El pueblo se merece más piedad tanto de los que se oponen a su Gobierno, como de los que usan palabras en los periódicos y en la radio.  Si el compeler a un ser humano a sentir un mal que no tiene con todos sus dolores y angustias es una irresponsabilidad de quien lo intenta, díganme ustedes cómo se le llamará a este intento de exacerbar los temores horrendos de la dictadura a un pueblo que está tan lejos de padecerla.

Sobre los rumores falsos propagados sobre ciclones, decía muy bien “El Mundo “ esta semana:  “Porque si un rumor resulta desagradable y peligroso en todos los campos, lo es aún más cuando es portador de un mensaje de angustia y zozobra para todo un pueblo”.  Ahora, en el campo de la vida democrática, tan amenazada hoy día en tantos frentes de nuestro mundo, cuánto bien le hace al enemigo que nos vigila el descrédito de nuestra vida colectiva – y además ¡cuánto desguañangan el alma estos rumores!  (Eso es lo que se buscan los irresponsables al regarlos).

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