Campos de concentración, no

Inés María Mendoza
25 de julio de 1981

Puerto Rico ha sufrido injusticias en su relación con España y con Estados Unidos, con la mayor tolerancia.  Nuestros patriotas han dado testimonio con sus vidas de esto.  Seguimos luchando.  Ahora, tenemos este gran asunto de los refugiados haitianos, que es muy grave.

Conocemos la historia heroica de Haití y a los valientes patriotas que lograron su independencia.  Fue la primera gesta de libertad en América.  Conocemos también la esclavitud, la explotación, la miseria en la que dictadores y tiranos han martirizado al pueblo haitiano, aplastando sus derechos humanos.

Yo he visto junto a Luis Muñoz Marín los campos desolados de Haití como se mira a una madre tísica con los huesos salidos que no le queda tierra suelta, ni alimento alguno para sostener a sus hijos.  Yo he oído en la noche haitiana el canto del baquiné de los racimos de madres.  No hay miseria más grande en América que la de Haití;  no hay dolor que se compare al dolor haitiano.  Los tiranos matan, roban, destrozan un pueblo que ya se tira al mar a morir o a que lo encarcelen antes de seguir viviendo pisoteados.  Llegan a los Estados Unidos.

Estados Unidos tiene que acogerlos.  Por negros, por enfermos, por hambrientos no pueden rechazarlos.  No hay que tenerles pena.  Hay que tenerles sólo respeto a su derecho a la libertad que defendieron, antes que ningún pueblo en América, con su sangre heroica, respeto a los derechos humanos tan resguardados en nuestras constituciones;  y que no se hable de pena.  Háblese de nuestro derecho también a no manchar, nuestro suelo, cercando con alambradas a estas criaturas que no son mendigos, que son las víctimas del robo y de los dictadores y tiranos de sus pueblos.  No es pena, es valor lo que se necesita para mirarlos cara  a cara, para defenderlos y defendernos.

Estados Unidos tiene una enorme extensión continental con enormes recursos donde instalar a los refugiados  --como a persona, como a iguales.  Así es que debe ser.  Si los cercan con alambres, si los meten en campos de concentración vigilados por perros y militares, a vivir en el fango, en el calor y en el frío insoportable, que no sea aquí.

...Estos negros flacos y agonizantes tienen en su historia a héroes y patriotas;  tiene una cultura,  un arte, una música;  tienen sabios y poetas.

¿Y por qué no? Porque es un crimen que los Estados Unidos cometerían con Puerto Rico.  Un crimen de los peores crímenes:  el de destruir "nuestra naturaleza de pueblo."

¿Y que es eso de naturaleza de pueblo? Es atentar contra nuestro ser;  es proceder contra la manera de ser la gente que somos, de criaturas de Dios como El nos hizo.  Es tratar de desnaturalizarnos, de debilitar las potencias de nuestro espíritu.

¿Cuándo, en nuestra pobreza, hemos hecho cercados de alambre para meter personas:  a colombianos, a cubanos, a libaneses, a dominicanos?  ¿Dónde hicimos, los puertorriqueños cercados de alambre, con perros rabiosos, vigilados por soldados con fusiles?  ¿Cuándo?  Que no cierren las alambradas a seres humanos entre nosotros, porque:

  1. Es un crimen, "contra natura" entre nosotros.
  2. Puerto Rico, al permitir campos de concentración, estaría destruyendo sus más nobles cualidades humanas, religiosos, culturales.  Los campos de concentración son una afrenta a la democracia.
  3. No son perros contaminados los haitianos:  son los descendientes, --humillados hoy, de los patriotas que hicieron la primera gran gesta de libertad en América.
  4. Esos negros flacos y agonizantes tiene en su historia a héroes y patriotas, tienen una cultura, un arte, una música, tiene sabios y poetas.

A este pueblo hace años de años que unos dictadores les están robando el alma, la tierra, la vida ante la indiferencia de toda la América.

Seríamos cómplices de un crimen de esa humanidad al cercarlos como a animales.  Dejaríamos de ser en nuestra alma un poco puertorriqueños.  No, un mucho.  Hágase cargo Estados Unidos de su responsabilidad histórica.  No nos obliguen a ser carceleros.  Esta es mi protesta.

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