Residencia de Luis Muñoz Marín

Una casa con historia

Pura serenidad… la simpleza de las cosas sencillas y, por supuesto, mucha naturaleza, exuberantemente arropada por diversos tonos de verde, es lo que recibe al visitante cuando llega a la Fundación Luis Muñoz Marín, donde está ubicada la residencia que ocupara desde 1946 hasta su muerte en 1980, el ex gobernador Luis Muñoz Marín junto a su esposa Inés María Mendoza y sus dos hijas: Viviana y Victoria “Melo” Muñoz Mendoza.

Construida en un terreno de casi 4 cuerdas, esta residencia a la que se le conoce como la “finquita de Trujillo Alto”, es una simple estructura de concreto armado copiada de un diseño que entonces proveía la oficina de la Puerto Rico Reconstruction Administration (PRRA), para fomentar la construcción de viviendas en concreto en lugar de las tradicionales casa de madera de la época.

Esta casa sencilla, al igual que sus moradores, está compuesta de dos dormitorios, sala- comedor, cocina, baño y una pequeña biblioteca que hacia las veces de cuarto para la televisión.

Sin embargo, lejos de atractivos arquitectónicos o lujos decorativos, lo que impresiona al visitante que acude a conocer la residencia de quien fuera el primer gobernador electo por el pueblo de Puerto Rico, es el ambiente de hogar, impregnado aún al día de hoy por la fina y profunda sensibilidad humana de la excepcional pareja que lo formó.

La formidable aglomeración de objetos que contiene sus pocas paredes, no son sinónimo de confusión ni desorden, sino del exuberante orden de la alegría de sentir y de vivir que reina en un hogar. Un hogar como pocos, en el que se recibieron importantes visitantes y se tomaron decisiones que marcaron el futuro de Puerto Rico.

Aquí el visitante puede no sólo observar la manera en que vivió uno de sus gobernadores, sino también una serie de objetos únicos, los cuales en su mayoría fueron obsequiados a la pareja por parte de amigos y conocidos.

En esta pequeña residencia, cada cuadro, cada figura, cada objeto tiene su historia, su espacio y su recuerdo. Como lo son la mesita de pared con tope de mármol que perteneció a Eduardo Giorgetti o la mecedora obsequiada a don Luis por don Celestino Iriarte, contrincante republicano, para aliviarle un dolor de espalda durante una campaña política en la década de 1940.

Infinidad de fotos, que son testigos de momentos políticos pero sobre todo de los afectos familiares, adornan las paredes de la casa, que junto a esculturas, santos de palo y una nutrida colección de obras de pintores locales y extranjeros son también parte del tesoro que aquí se encierra.

Pinturas de Cristóbal Ruiz, Francisco Rodón, Luis Germán Cajigas, Julio Rosado del Valle, Rafael Ríos Rey, Alfonso Arana, Eliza B. K. Dooley, José R. Oliver, Manuel Hernández Acevedo y Arnaldo Mass, entre muchos otros, adornan las paredes de esta residencia que constituye parte de la historia de todo puertorriqueño.

Quizás de todos los recuerdos, el más interesante resulta el óleo sobre tela que realizará Bernard Safran, artista grafico de la revista Time, sobre la figura de Muñoz, que fuera utilizado en la portada de dicha publicación el 23 de junio de 1958, y en el cual aparece don Luis a la edad de 60 años, con un fondo alegórico a la modernización de la Isla.

Resulta curioso que la primera impresión de la residencia se pueda percibir la pesonalidad de quien la habitó, así como sus múltiples facetas. Además de ser un hombre de estado, don Luis también era un hombre de familia, padre y abuelo. Así lo evidencian los dibujos pertenecientes a los hijos y nietos de la familia que adornan el dormitorio de doña Inés así como el cuarto de baño. Ambos abuelos, orgullosos de sus descendientes, exhibían así los trabajos artísticos de los suyos sin importar las concepciones estéticas, sino su valor afectivo.

Por otro lado, la figura de doña Inés como elemento motor es determinante y a la vez que palpable en toda la atmósfera interior de la casa, dando ese toque femenino tan importante en cualquier entorno familiar. Así mismo, el conocido bohío con sus muebles de madera y enea puertorriqueña, donde se celebraron infinidad de tertulias, reuniones políticas y fiestas familiares, se encuentra en medio de hermosos jardines perfectos para la buena lectura o simplemente escuchar la naturaleza.

En fin, esta residencia abierta de lunes a domingo a todo aquel que quiera conocer como vivió en su ámbito íntimo esta excepcional pareja, se topará con un hogar donde se reúnen los recuerdos de dos vidas, ricas en experiencias y conocimientos, pero a la vez sencillas y humildes, cuyas acciones y ejemplos nos ayudan a recordar que parte de tu historia esta aquí: en la “finquita de Trujillo Alto”.

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Fundación Luis Muñoz Marín