Teodoro Moscoso Mora: forjador del nuevo Puerto Rico
Julio E. Quirós Alcalá
Teodoro Moscoso Mora nace en Barceloneta, España, el 26 de noviembre de 1910. Hijo de don Teodoro Moscoso, comerciante y farmacéutico de Carolina y doña Alejandrina Mora Fajardo, oriunda de la isla de Mayorca en España. Por negocios de su padre, la familia se traslada a varios pueblos de la Isla como Carolina, Ponce, Barranquitas y San Juan en donde adquiere varias propiedades. Moscoso padre se licencia de farmacéutico y comienza a trabajar en la farmacia Guillermety en el Viejo San Juan la que posteriormente adquiere convirtiéndose en la primera de una cadena de farmacias a través de toda la Isla.
De la mano de su padre, Teodoro Moscoso comenzó a conocer los elementos básicos de la farmacología y los conocimientos necesarios para el manejo de un negocio. Apreciaba también la buena lectura encontrada en la amplia biblioteca de su padre en la que guardaba una importante muestra de clásicos españoles. Las lecturas de aspectos sociales, políticos y económicos se los brindaban las revistas y periódicos norteamericanos y que se vendían en la farmacia de su padre.
Pero, según el propio Moscoso, la impresión más honda sobre el aprecio de la literatura y la música vino de la mano de un maestro de la Escuela Superior de Ponce llamado Cándido Callac. Cuenta Moscoso que Cándido los llevaba de excursión los fines de semana a los monte de la Isla. Llevaban en las mochilas, además de sábana, almohadas y provisiones, vitrolas portátiles, discos y libros. Cuando acampaban el maestro Callac les leía en voz alta novelas y poesías. Sobre estas vivencias comentaba Moscoso: “El nos enseñó a admirar a la naturaleza, apreciar la música, y eso me dejó una inspiración indeleble en mi ánimo.”
En 1929, el joven Moscoso se traslada a los Estados Unidos para comenzar sus estudios formales en la universidad más grande y más antigua dedicada al estudio de la farmatología, la Philadephia School of Science and Pharmacy. Pero, llegó un momento en la vida de este joven en donde estaba interesado más que en aprender sobre las artes científicas, era el conocer el mundo humanístico y de la historia de la sociedad. Es por ello que ingresa a la Universidad de Michigan en 1931 donde tiene contacto con los grandes clásicos de la literatura y de la dramaturgia. Al año siguiente se gradua Magna Cum Laude de esta institución académica.
Regresa a Puerto Rico en 1932 para continuar trabajando en la farmacia de su padre en Ponce.
El año 1938 es muy importante en la vida de Moscoso debido a que además de casarse con doña Gloria Sánchez Vilella, hermana de don Roberto Sánchez Vilella, quien sería Secretario de Transportación y Obras Públicas, Secretario de Estado y Gobernador de Puerto Rico de 1965 a 1969, también conoce por primera vez a Rexford Guy Tugwell, economista y miembro del grupo del “Brain Trust” del Presidente Franklin Delano Roosevelt, y al profesor Leon Henderson, Catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania. Ambos estaban realizando un estudio de las propiedades agrícolas que tenían más de 500 cuerdas de terreno como las centrales azucareras. El encuentro se realizó en la farmacia de su padre en Ponce en donde había una fuente de sodas la que se utiliaba también como lugar de tertulias de carácter literario, político y social. En esa conversación entre Moscoso y Tugwell, el economista norteamericano se percató del interés y la disposición de este joven en laborar por el bienestar de su país.
En 1938, José Tormos Diego, Alcalde de Ponce, logra conseguir fondos federales para trabajos en la reconstrucción del casco urbano de la ciudad señorial. Entre esos fondos, en los que había una partida para la reconstrucción del Teatro La Perla destruido por el terremoto de 1918, también había un dinero para un proyecto de viviendas para personas de bajos ingresos económicos. Teodoro Moscoso fue miembro de la Junta que tenía la administración del proyecto y luego fue seleccionado como Administrador de la Autoridad de Hogares de Ponce en 1939 en la que se desarrollan varios proyectos como el residencial Ponce de León y la barriada Portugués entre muchos otros. Dichos proyectos eran novedosos debido a que se desarrolló un nuevo concepto de vivienda: “casa con utilidades compartidas”. Moscoso tuvo que ir a Washington a tratar de convencer a las autoridades norteamericanas de dejarle usar los fondos de vivienda para este concepto poco tradicional. Logra convencer al gobierno estadounidense realizandose los proyectos y logrando ser el programa de mejor uso de fondos para viviendas en Puerto Rico. Entre las personas que trabajaban directamente con él se encontraba una joven trabajadora social de Jayuya que fue su mano derecha en todo lo relacionado con las investigaciones de los problemas sociales de la gente en escasos recursos de Ponce. Su nombre Blanca Canales. Según don Teodoro, éste no le preguntó nunca sobre su ideología política pero recordaba con cariño que era una persona encantadora y muy trabajadora y que gracias a su ayuda se desarrollaron varios proyectos de importancia social en la ciudad señorial.
Es también en este año de 1939 que Moscoso conoce por primera vez a Luis Muñoz Marín en la residencia de campo de Andrés Grillasca en Adjuntas. Esta reunión cambiaría dramáticamente la vida de Moscoso. De ese primer encuentro con Muñoz nos dice Moscoso: “empiezo a darme cuenta que estaba hablando con una persona de integridad y una honradez intelectual extraordinaria, de inteligencia privilegiada, una persona que capta las ideas, que obtenía la información como un buen periodista haciendo preguntas.”
Es en este momento que Moscoso se percata que tanto Muñoz como él “estábamos en la misma honda con repecto a injusticias sociales, puesto que yo las estaba notando aquí en Puerto Rico” y se inserta al movimiento de redención social puertorriqueño que dirigía Muñoz: el Partido Popular Democrático.
El Partido Popular triunfa en las elecciones generales del 1940 y se elige a Luis Muñoz Marín como Presidente del Senado de Puerto Rico y comienza a poner en marcha un programa de justicia social que había esbozado en su campaña electoral. En 1941, el Presidente Roosevelt nombra al economista Rexford Guy Tugwell como gobernador de Puerto Rico. Tugwell se comunica con Moscoso para invitarlo a La Fortaleza para expresarle su interés de que fuera parte de su equipo de trabajo como Coordinador de Asuntos Insulares. Pero, como no había presupuesto para el cargo, Tugwell le solicitó a la Autoridad de Hogares de Ponce que le prestara a Moscoso algún tiempo en lo que se le asignaran presupuesto para el cargo. Esto hace que Moscoso tenga que viajar constantemente de Ponce a San Juan ya que, además de atender los asuntos en La Fortaleza, también tenía que atender los asuntos de la autoridad en el sur.
El puesto de Coordinador de Asuntos Insulares no tenía una lista de deberes, así que uno de los más importantes era el enlace y comunicación entre el Gobernador y la Legislatura. Moscoso era el intercomunicador entre el Gobernador Tugwell y el senador Muñoz Marín con relación a los proyectos de gran importancia para el desarrollo de Puerto Rico.
Era un momento en donde se necesitaba una estructura gubernamental eficiente para trabajar con las soluciones a los males que aquejaban al país. Por ello, se comenzaron a desarrollar y a implantar diversas entidades públicas como la Autoridad de Tierras, la Oficina de Personal, la Autoridad de Fuentes Fluviales, la Junta de Salario Mínimo, la Comisión de Seguros Sociales y la Junta de Planificación, Zonificación y Lotificación, entre otras.
Pero los problemas en Puerto Rico iban más allá de brindar alimentos o mejorar las condiciones de vivienda del pueblo. Hacía falta una entidad que dirigiera un esfuerzo por desarrollar industrias que ayudaran a maximizar los pocos productos de exportación que contaba Puerto Rico y que eran bases de la economía local. Es por ello que se organiza, gracias a los esfuerzos de Moscoso, una agencia que se llamó la Administración de Fomento Económico. El propio Moscoso buscando información sobre una entidad que impulsara la economía de la Isla en modelos económicos ensayados en otras partes del mundo, encontró en la Corporación de Fomento de la Producción en Chile el nombre que identificaría esta nueva agencia “Fomento”. El 11 de mayo de 1942, se firmó la Ley 188 que regula el programa de desarrollo industrial “Manos a la Obra”. El gobernador Tugwell nombra a Moscoso Administrador de Fomento Económico en septiembre de 1942. Esta gestión es parte de la primera fase de industrialización de la Isla que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Moscoso estableció cuatro fábricas las subsidiarias del gobierno: de botellas, cartón, cerámica y zapatos. Con el poco licor que producía Estados Unidos, la Isla exportaba increíbles cantidades de ron, pero se podría hacer más si había más botellas. Moscoso fue a Washington con la prioridad de comprar maquinaria de hacer cristales y botellas y le fue negado pero su indomable espíritu no lo dejó rendirse. Durante años de frustraciones, cuando se habían creado muy pocos empleos a pesar de las cuatro fábricas, Moscoso reenfocó su visión: el gobierno no podía ser dueño y patrono. Si, se necesitaba industrializar, pero había que atraer el capital privado. Había que desarrollar en la sociedad un programa que impulsara la economía de la Isla a través de la creación de empleos. Así se empieza a perfilar un proyecto que tuviera que ver con el desarrollo de empleos por medio de la radicación en Puerto Rico de industrias de diversas categorías, mayormente estadounidenses por medio de exenciones contributivas.
En 1946, Tugwell, quien se oponía al proyecto de exención contributiva renunció. Moscoso entonces logró que se aprobasen las leyes de 1947 y 1948 dando una exención de 100% a industrias nuevas, en expansión y turísticas. Con este gran incentivo, Moscoso se dedicó a atraer capital e inversionistas a Puerto Rico y a su vez a crear empleos para la enorme población en la Isla. Así comenzó la Operación Manos a la Obra que impulsaba un desarrollo económico a base de la industrialización en Puerto Rico.
Este proyecto le servía al desarrollo económico de la isla, enfatizando en el desarrollo de industrias. El gobierno de Puerto Rico aprobó una Ley de Incentivos Industriales que autorizaba a empresas privadas a solicitar una exención por diez años de las contribuciones sobre ingresos y sobre la propiedad en Puerto Rico. También la exención incluía los impuestos sobre maquinaria y materias primas y los impuestos municipales. Estas exenciones se concedían para el establecimiento de nuevas industrias, la expansión de la producción de artículos que ya se manufacturaban en la isla y para la construcción de facilidades hoteleras como la construcción del Hotel Caribe Hilton inaugurado en 1949 y financiado por la Compañía de Fomento. El gobierno se hizo cargo de organizar una campaña de promoción y publicidad sobre Puerto Rico en los Estados Unidos y vendió las fábricas que venía operando durante la Segunda Guerra Mundial. De 1947 a 1950 se establecieron en la isla más de 100 nuevas fábricas, algunas de ellas pequeñas, pero iban dejando ver los efectos de la campaña de promoción en los Estados Unidos. Estas industrias tuvieron un marcado impacto en el número de empleos. Parecía que la alternativa más efectiva era fomentar industrias que importaran la materia prima para elaborarla en la isla y luego exportaban el producto terminado.
Por mucho tiempo los cronistas, viajeros y visitantes extranjeros exaltaron las bellezas naturales y el atractivo físico que tenía la isla. Sin embargo, la explotación de las posibilidades turísticas eludió a la isla por mucho tiempo. La ausencia de una infraestructura hotelera y de transportación adecuados, los estragos de la Segunda Guerra Mundial, y la falta de un plan gubernamental adecuado que supiera encaminar este sector de la economía impidieraon el aprovechamiento adecuado de las posibilidades turísticas durante la primera mitad del siglo. Todo esto cambió bajo la iniciativa de Teodoro Moscoso, quien tuvo la idea de establecer, en idónea localización frente al Condado y al lado del centenario fortín de San Gerónimo, un hotel.
Moscoso nombró a su cuñado, el ingeniero Roberto Sánchez Vilella, gerente del proyecto que fue adversamente criticado por los medios de la época e incluso por sus correligionarios que anticipan que la edificación se convertiría en un elefante blanco y terminaría como una cárcel en vez de hotel. Pero esto no devuto a Moscoso. Este se dedico a escribir cartas a varios operadores de hoteles, pero sólo uno contestó que estaba interesado en el negocio: Conrad Hilton, quien recién había organizado la corporación Hilton Internacional y estaba a la búsqueda de oportunidades de inversión en el exterior.
Contruido a un costo de $7.5 millones, el Caribe Hilton, con sus 300 habitaciones, se concibió inicialmente como un lugar para acoger al cúmulo de empresarios norteamericanos que comenzaban a llegar a Puerto Rico atraídos por las posibilidades de inversión. Las comodidades y lujos entonces concebibles fueron incorporados en el diseño de la nueva hospedería, que sentó la pauta arquitectónica para lo que sería la construcción de los nuevos hoteles y edificios en el área metropolitana.
Aunque Puerto Rico ya contaba con importantes hoteles como el Condado-Vanderbilt y el Normandie, la inauguración del Caribe Hilton en diciembre de 1949 marcó el inicio de una nueva era de auge turístico que, con sus alzas y bajas, se extiende hasta hoy día.
Su interés por las artes lleva a Moscoso a brindar una cooperación completa, con la ayuda del gobierno estatal y el gobernador Luis Muñoz Marín, para el desarrollo en la isla del Festival Casals que se inicio el 22 de abril de 1957. Otros proyectos de carácter cultural son la renovación de la zona histórica del Viejo San Juan a Ricardo Alegría y el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la creación de La Casa del Libro junto a Elmer Adler, famoso impresor, artista y diseñador de libros, quien el propio Moscoso invitara a la Isla para mejorar la calidad del diseño, impresión e ilustración de las publicaciones en Puerto Rico. Este “dínamo de energía”, como Tugwell lo llamaba, abogó por mejorar la educación, construir un aeropuerto internacional, y desarrollar la economía marítima por medio de un sistema mercantil, que luego desarrolla con la creación de las Navieras.
En diciembre de 1960 Moscoso fue uno de los miembros del “Latin American Task Force” organizado por el presidente electo de los Estados Unidos, John F. Kennedy, para desarrollar ideas para una nueva política exterior hemisférica. Moscoso contribuyó con sus experiencias sobre el vínculo entre el desarrollo económico y el ámbito social y político. La ayuda extranjera tenía que tener una dimensión humana, ocuparse de “techos, escuelas salud y empleos”, no solo de consideraciones militares y técnicas, como lo había sido bajo el Presidente Eisenhower.
En mayo de 1961 el Presidente Kennedy designó a Moscoso Embajador de Estados Unidos en Venezuela, siendo el primer puertorriqueño nunca antes nombrado para un puesto diplomático en Washington. Laboró para ofrecer una imagen de Estados Unidos que fuese comprensiva e informada de la realidad venezolana. Viejo amigo del Presidente Rómulo Betancourt, líder democrático y a la vez reformista, lo apoyó en sus esfuerzos democráticos de los pocos entonces en práctica en la América Latina.
En noviembre del mismo año el Presidente Kennedy lo nombró Administrador Regional de la Agencia de Desarrollo Internacional (AID) a cargo de América Latina y en esa capacidad Coordinador estadounidense de la Aliazna para el Progreso. Según el historiador Arthur M. Schlesinger, Puerto Rico había servido de inspiración a Kennedy al crear la Alianza para el Progreso, y nadie como Moscoso podía comunicar mejor el idealismo político y social de la Alianza. Moscoso laboró arduamente por traer una revolución al hemisferio; un esfuerzo colosal, envolviendo 19 repúblicas para instituir reformas, al menos 13 agencias y bancos responsables de desembolsar los fondos. Pero, Moscoso tenía en contra un Congreso algo incrédulo, latifundista y burocracias enemigas del cambio y sobre todos siglos de pobreza y subdesarrollo. Bajo su liderato mucho se logró: países que nunca habían conducido un censo planificaban científicamente sus propios desarrollos, se levantaron necesarias infraestructuras, grandes programas de vivienda, escuelas, hospitales. La democracia resultó mas al alcance de millones.
Poco después del fallecimiento del Presidente Kennedy y desilusionado por el nuevo enfoque del Presidente Johnson, Moscoso regresó a Puerto Rico para trabajar en la empresa privada, ocupando las posiciones de Presidente del Comité Ejecutivo del Banco de Ponce en 1964 y, dos años más tarde, como Director de la Commonwealth Oil Refinery Company (CORCO) la más grande refinería de petroleo y compañía petroquímica en Puerto Rico.
En los años 60 el modelo de desarrollo económico en Puerto Rico varió significativamente en términos de sus sectores situados a la cabeza de la economía local. De una industria liviana basada en el uso intensivo de mano de obra como las fábricas de textiles y zapatos, se pasó a una industria pesada fundamentada en grandes inversiones de capital y planta física.
Nuevas empresas petroquímicas como la Commonwealth Oil Refining Co. (CORCO), la Phillips Petrolium and Gas (PPG) y la Union Carbide se establecieron en el sur de la isla cambiando de paso la fisionomía de esa región donde una vez fue sede de sembradíos cañeros y de ciénagas jueyereas. Si bien estas empresas ofrecían a sus empleados salarios sustancialmente más altos que en otros sectores, también es cierto que con su presencia se incrementaron los problemas de contaminación en poblaciones como Guayanilla, Peñuelas y Guayama.
El optimismo reinante con respecto a las empresas petroquímicas en Puerto Rico se desinfló como consecuencia del embargo petrolero decretado por las naciones árabes en octubre de 1973. El alza vertiginosa en el precio del crudo que esto provocó, unido al fenómeno inflacionario que comenzó a adquirir ímpetu a mediados de la década del 70, provocó serios disloques en la economía puertorriqueña. No sólo las petroquímicas se vieron afectadas, también el sector de la construcción prácticamente se paralizó. A lo anterior, se sumó un agitado movimiento laboral que encabezó una seride de conflictos huelgarios tanto en el sector público-acueductos, energía eléctrica, magisterio-como en el privado. Todo esto hizo de la década de 1970 una de las mayor crisis económica después de los años de la Depresión.
Durante los años de 1973 a 1976 Moscoso retornó a su posición de Administrador de Fomento a pedidos del gobernador Rafael Hernández Colón.
En aras de controlar los costos del transporte marítimo en la isla para atraer el posible establecimiento de una fábrica de ensamblaje de automóviles Volkswagen a Puerto Rico, la administración de Rafael Hernández Colón, con el asesoramiento de Teodoro Moscoso, decidió en 1974 comprar por $176 millones las operaciones de la compañía marítima Sea Land para formar Navieras de Puerto Rico. Sin embargo, lejos de ser una solución a un problema, Navieras se convirtió en unos de los dolores de cabeza más grande del gobierno de Puerto Rico.
En 1976, Moscoso renuncia como Administrador de Fomento y abandona el servicio público y se ocupa de sus negocios de la cadena de farmacias Moscoso. En 1977 fue nombrado como Presidente del Banco Santander de Puerto Rico.
A través de su vida, Moscoso recibió varios doctorados honoríficos de las Universidades de Michigan, Notre Dame y Fordham, Temple, Universidad de Puerto Rico y Universidad Interamericana de Puerto Rico las que han laudado su labor en el ámbito económico y cultural.
Teodoro Moscoso Mora fallece en Puerto Rico a la edad de 81 años el 15 de junio de 1992 en su hogar en Miramar víctima del cáncer. Sus restos descansan en el Cementerio Porta Coeli en Bayamón.
Teodoro Moscoso Mora ejemplificó una vida de trabajo incansable y sacrificio en el servicio público para el bienestar del pueblo puertorriqueño. Es por ello, que uno de sus más grandes amigos, Antonio J. Colorado, al describir su vida ante su fallecimiento comenta que Teodoro Moscoso fue “el forjador del nuevo Puerto Rico”.
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